Santa fe,  Viernes 14 de Diciembre de 2018 - 00:23 Temp: C
SERÁ JUSTICIA?
En el juicio por la triple fuga de Santa Fe declaró el testigo más enigmático
Se trata del ingeniero secuestrado por los prófugos y que permaneció cautivo en su departamento del centro de la ciudad.
Tapa | Noticia | 26-11-2018
Fuente: Uno Santa Fe

El juicio oral y público en el cual son nuevamente juzgados Cristian y Martín Lanatta y Víctor Schillaci por los delitos cometidos en su paso por Santa Fe comenzó este lunes y contó con el testimonio de una de las personas más enigmáticas de la célebre triple fuga.

Se trata del ingeniero Juan Ignacio Reynoso, quien en la mañana del 7 de enero del 2016 fue interceptado por los prófugos en un campo de Matilde (departamento Las Colonias) y luego trasladado a su departamento del centro santafesino donde permaneció privado de su libertad durante dos días.

Su palabra fue la más esperada desde aquel día en que se conoció que los evadidos del penal de General Alvear (Buenos Aires) se encontraban en la zona de Santa Fe. De perfil muy bajo, jamás habló con la prensa para contar qué le sucedió aquella fatídica jornada. Dicho silencio generó que en la propia opinión pública circulen rumores que dijeron que el joven era un supuesto agente encubierto de Gendarmería. Inclusive se llegó a decir que era un miembro de la ex-Side.

Esta mañana y a dos años y nueves meses de aquel hecho, Reynoso evacuó todos interrogantes cuando le tocó declarar, como primer testigo, en el marco del juicio oral por el cual los Lanatta y Schillaci fueron llevados al estrado por tres delitos cometidos durante la fuga.

Una mañana, no como cualquier otra

Con la memoria intacta y con muy buena dicción, el testigo recordó que aquel día salió de su departamento y se dirigió en su camioneta VW Amarok blanca –la cual era propiedad de la empresa Bayer– hacia un campo de la zona rural de Matilde, cerca de San Carlos.

Dijo que cuando llegó al campo donde debía realizar un estudio a una plantación, escuchó el ruido de un vehículo que estacionó. Todavía no había descendido de la camioneta ni tampoco había detenido la marcha. Estaba perplejo. Del vehículo Citroën Berlingo bajaron tres hombres que portaban armas de grueso calibre y vestidos con características similares al de un uniforme de la policía. Le preguntaron si era de Gendarmería o de alguna otra fuerza a lo que el respondió: "Soy ingeniero".

Los tres se le subieron a la camioneta y huyeron del lugar. En el camino tiraron varias pertenencias que Reynoso utilizaba para su trabajo en campos del centro norte de Santa Fe. "Me preguntaron dónde vivía y les dije que en Santa Fe. Me consultaron a cuánto estaban de distancia y les indiqué que a unos cincuenta kilómetros", contó luego de que el fiscal Estanislao Giavedoni le preguntó qué recordaba de aquel día del hecho.

"Ahí me dijeron que los lleve a mi casa pero que vayamos por lugares donde no había controles ni peajes. Yo, en pleno shock, intento más o menos hacer lo que me piden. Llegamos a la autopista pero en vez de ir al este, para el lado de Santa Fe, seguimos hacia el oeste y doblamos en el acceso a Pilar", explicó.

"Después llegamos a la ruta 70 y yo estaba bastante nervioso. Doblamos en dirección a Santa Fe. Me piden que le ponga el GPS porque yo no sabía llegar porque yo a esa zona no la conocía, bien al norte de Santa Fe (ciudad). El GPS nos llevó a mi casa y me preguntan si yo guardaba la camioneta ahí y yo les dije que la empresa me pagaba una cochera a unas cuatro cuadras. Me hacen que les muestre la cochera y volvemos para el departamento", agregó.

Noticia de un secuestro

El testigo recordó además que hasta ese entonces no sabía quiénes eran sus secuestradores. Cuando ingresaron al departamento se dio cuenta en manos de quien estaba su vida. "Hasta ese momentos yo no sabía quiénes eran, no tenía idea de nada. Ponen el tele y veo las noticias y veo todo el trasfondo y ahí caigo", relató. "Ellos me preguntaban ciertas cosas, como rutas y caminos", sostuvo.

El ingeniero destacó que luego llegó otro de los prófugos el cual se había quedado en la camioneta en la cochera del edificio donde se encontraba el departamento. "Me dieron de comer y de tomar agua", acotó.

Cuando llegó la tarde, el testigo indicó que lo llevaron a la habitación y ahí quedó hasta el día siguiente. "Entraban para preguntarme cosas sobre donde había una farmacia o una librería", dijo. "Yo preguntaba qué iban a hacer conmigo y me decían «ya nos vamos a ir»", indicó.

"Pasa esa noche y al día siguiente (viernes), cerca de la tardecita entran y me atan, me ponen una mordaza y cierran la puerta de la habitación. Siempre estaba el televisor prendido, yo no escuchaba. No lograba saber si se habían ido o no", declaró.

Al advertir que los prófugos se habían retirado del lugar, Reynoso buscó desatarse, situación que le costó ya que según recordó sus manos estaban completamente dormidas producto de las ataduras realizadas con corbatas y fajas que se encontraban en su perchero. "Me corté las corbatas con un cuchillo", narró. "Salí al balcón, pasó un chico en bicicleta y me ayudó", explicó el ingeniero sobre cómo fue el final de su secuestro.

Interrogado

Tras culminar con su declaración, el testigo fue interrogado por el fiscal Giavedoni, quien le preguntó si los prófugos portaban armas a lo que dijo que sí y que lo habían apuntado. En esa línea, se refirió a que las armas siempre las había visto. "Visualmente siempre estaban a mi vista", remarcó.

A lo último, el defensor de los prófugos, Leandro Miró, le preguntó al testigo sobre cómo fue el trato que recibió de parte de sus defendidos.

—¿Como estaban ellos?

—Nerviosos.

—¿En algún momento lo golpearon?

—No.

—¿Como fue el trato?

—Qué quiere que le diga, calcule que yo estaba en una situación de privación de la libertad. No me pegaron, tampoco me agredieron verbalmente.

Por último, el fiscal le preguntó si reconocía a los imputados como quienes lo secuestraron en la zona rural de Matilde. Reynoso miró la pantalla y desde el penal de Ezeiza, cada imputado se paró y posó a la cámara que transmite por videoconferencia. No tardó ni un segundo en decir que habían sido ellos.

Penas o absolución

En la etapa previa a la declaración del ingeniero, el fiscal anticipó en su alegato de apertura que pedirá la pena de 15 años de prisión para los tres exprófugos, los cuales llegaron al juicio imputados en tres hechos: por la privación de la libertad del ingeniero agrónomo y el robo de la camioneta que usaba para trabajar; el ingreso violento a una vivienda en una zona rural de Campo del Medio (departamento Garay) y el robo de la camioneta propiedad del matrimonio dueño de la casa; y la privación de la libertad sufrida por parte de un sereno del molino arrocero Spalletti ubicado a la altura del kilómetro 64 de la Ruta Provincial 1.

Por su parte, el defensor Miró en su alegato, se puso de pie y por medio de una presentación en una pantalla relató que toda la fuga de los Lanatta y Schillaci se dieron en el marco un "estado de necesidad justificante", el cual está amparado en el artículo 34 del Código Penal. Por ello, solicitó la absolución de sus defendidos.

El juicio continuará durante la jornada del martes y se prevé que el próximo viernes las partes realicen los alegatos de clausura del juicio y allí el tribunal de jueces conformado por Eduardo Pocoví, Sandra Valenti y Pablo Busaniche informen sobre cuándo se conocerá el veredicto.

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